Diálogos monológicos

Por: Diego Minakata Carral

Con la llegada del internet y las nuevas formas de comunicación llegó también un ambiente demasiado optimista sobre lo que representarían las nuevas tecnologías en nuestra forma de comunicar, conocer y relacionarnos con los demás. Facebook fue la red social en abrir los senderos de la nueva comunicación y mis tías las primera en encontrar conocidos en otras partes del mundo. Luego vino Twitter en 2006 y tuvo una semana de paz antes de que todos se estuvieran dando con la silla. Al final llegó Instagram en 2010 y a partir de ahí la vida de tus amigas no pudo ser más perfecta. Mencionaría al Tik Tok, pero personalmente me supera. 

Nuestra forma de comunicación ha evolucionado en los últimos años, a tal grado de que los millennials ya se sienten viejos cuando ven a los niños de cinco años juagando con el IPad. La información pasó de ser diaria a instantánea, y pasó a ser tanta que ahora existe más información falsa que verdadera. Estábamos maravillados por tener una herramienta donde encontraríamos todo; ahora que en este mundo virtual está todo, ya no encontramos nada.

Nuestra forma de comunicar también cambió, y sin duda la pandemia lo acrecentó. Hace algunos meses no me veía usando las plataformas para las reuniones virtuales, ahora no me imaginó mis juntas sin usarlas. La sociabilidad del hombre se ha visto afectada por estos cambios tan abruptos. Alguna vez leí que twitter es ver en tiempo real al mundo destruirse; y tiene algo de cierto.

La comunicación ha cambiado, ahora el protagonista es cada uno de los usuarios. El centro de atención somos nosotros mismos; nosotros somos la razón por la cual existen las redes sociales. La conversación se trata de nosotros mismos, nuestros chistes, las opiniones que damos de todos los temas en los que no tenemos idea, los memes que compartimos y el «qué guapa, amiga» podamos estar en la foto. Nuestras conversaciones han pasado de ser un acto de generosidad, un intercambio de ideas, a frases independientes que se encuentran en el tiempo. 

El debate público se trata sobre todo de imponer no de escuchar y menos de consensar. Y es una consecuencia lógica si las plataformas que usamos nos presentan la información que queremos escuchar, las notas periodísticas que nos recuerdan que estamos en lo correcto y los otros no. Sólo así se entiende que las noticias falsas tengan tanta popularidad dentro de los grupos de Whatsapp. Nos guasta ver arder el mundo cuando no piensan como nosotros o votan por el otro.

Esto ha traído como consecuencia la polarización y el totalitarismo de las ideas. La gente piensa cada vez más diferente que el otro y, coincidentemente, el otro cada vez está más equivocado. El mundo se divide cada vez más; la sociedad está cada vez más convencida en tener la razón, pero además, la posición del otro se vuelve una amenaza cada día más grave. El debate se ha convertido en un conjunto de tribus que se burlan entre todos sin dar razones pero tampoco sin escuchar otras posiciones. Lo único que logran es ridiculizar las posturas del otro, evitando así las verdaderas ideas a las que no se quieren enfrentar.

Es evidente que estos cambios tecnológicos no son malos, simplemente no sabemos usarlos. Nos estamos tratando de estabilizar después del tremendo cachetadón que nos puso la innovación y tecnología. Somos la generación que tiene la responsabilidad de aprender a usar las nuevas tecnologías y enseñarle a la siguientes; adiestrar a la Skynet antes de que ella lo haga. Esto lo lograremos en la medida en la que aprendamos a escuchar al otro. Ante la polarización, lo que nos toca a cada uno es encontrar nuestros puntos en común que, aunque parezca increíble, todavía existen.

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