Virtudes de Sofá

Por: Diego Minakata Carral

23 de noviembre, 2020

Ante la inminente llegada del virus Chino ya se podía vislumbrar el caos que ocasionaría por todo el país. Viendo a los países europeos caer como fichas de dominó, sabíamos que era cuestión de tiempo para ver en el mismo escenario a México. No faltaron los ridículos que ante el primer caso de infección ya estaban cantando en los balcones con un pañuelo en la mano y el celular en la otra. Acompañada de la frase «seremos mejores» como eslogan de confinamiento.

Al inicio del encierro, por alguna razón —quizá para tranquilizarnos— comenzó a circular la idea de que ante una situación de esta magnitud, creceríamos como personas, tendríamos un mundo mejor al final de esta mala racha. Por alguna razón, saldríamos de esto siendo el ideal con el que soñamos. Como si la virtud se fermentara en el reposo, como si los buenos hábitos se crearan en la espera de un nuevo capítulo, de una nueva temporada, de una serie más.

Conforme pasaban los días, semanas y meses; la realidad se fue imponiendo poco a poco. La gente comenzó a dejar el deporte y el insomnio se volvió un compañero de vida. Nos acabamos toda la oferta de Netflix, luego fuimos a por el Amazon Prime y, ante la nueva amenaza de que el semáforo pase a rojo, la llegada del Disney+ no podría haber sido más oportuna. Con el paso del tiempo comenzamos a tirar las horas a la basura y ante un confinamiento tan inesperadamente largo, muchos decidieron dar por perdido el año. Paradójicamente, pasamos de creer que este 2020 terminaríamos siendo la mejor versión de nosotros mismos a tirar un 12 meses por la borda.

Frente a la nueva posibilidad de que el semáforo multicolor vuelva a tener tintes rojos, va siendo más palpable el escenario de una nueva encerrona igual de intensa que la de los meses anteriores. Y ante los nuevos rebrotes en otros países, podemos avizorar un mundo cansado. Harto de ser privado de una vida ordinaria. Fatigado de usar el cubrebocas en todas partes y para todo momento. Impotente ante la incapacidad de mostrar nuestro afecto al otro. Se acabaron los cantos del «cielito lindo» y los deseos de ser mejores personas. Ahora que llegamos a una segunda ola —y quizá más voluminosa— probablemente nos encontrará ya exhaustos. Incrédulos de su nueva amenaza.

Y ante esta nueva normalidad que cada vez se alarga más, y que no se le ve un termino, es pertinente recordar que las virtudes no se crean en medio la pasividad ni en la espera de un contexto más prometedor. Los hábitos se ejercitan en la acción, en la medida en la que repetimos actos buenos. Es posible ser esa persona que queremos al final de estos días grises, pero solo será una realidad si se concreta con metas y tareas diarias; si hay lucha por lograr un crecimiento personal. No sucederá por más virus que se presenten, ni por más series que veamos. La virtud no se gesta en el sofá, se construye todos los días en medio de nuestros quehaceres. Podemos superarnos, pero eso no depende de una crisis ni se contagia como virus; depende simplemente de nosotros mismos.

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