Edadismo

En una entrevista realizada al Dr. José Antonio Lozano Diez, nuevo presidente de la Junta de Gobierno de la Universidad Panamericana e IPADE, dentro del programa radiofónico de Joaquín López-Doriga, mencionó el concepto de edadismo, el cual me llamó la atención. Lo define la OMS (Organización Mundial de la Salud) como una barrera de estereotipos, prejuicios o discriminación hacia las personas por su edad. Tal es el caso de Europa, en donde existe un desparecio total hacia la gente de edad avanzada, como si fuera inservible. Este fenómeno, en donde el anciano se percibe más como un estorbo, sucede sobre todo en Occidente. La principal causa del trato que se le da a los mayores es el culto que existe hacia la juventud. Por lo tanto, todo lo que envejezca se considera inservible.  

Esta concepción que se tiene en países de América y Europa es una cuestión que se debería de atender. En primer lugar por que este sector de la población ha venido aumentando en dichos países, especialmente en los europeos. Por otro lado, esta concepción es totalmente errónea; el hecho de que una persona de la tercera edad no esté llamado al mismo estilo de vida que los demás, no significa que no tenga nada que aportar a la sociedad. La gran tragedia que surge del desprecio hacia la gente mayor es que no se valora lo que este grupo puede hacer en su comunidad y en la gente que lo rodea; también porque al ignorarlos se deja de respetar la dignidad que tienen como personas. Al juzgarlos con los mismos estándares que a los jóvenes, dejan entonces de ser útiles para una sociedad. El tema, en el fondo de toda esta problemática, es que la idea de que las personas de la tercera edad ya no aportan a una comunidad es una idea falsa.

Llama la atención que en México existen muchas iniciativas para mujeres solteras, desde políticas púbicas hasta organizaciones civiles. También lo hay para los jóvenes: centros de atención para las adicciones, instituciones dedicadas a personas con discapacidad, etc. Sin embargo no es lo mismo con las personas de la tercera edad. Posiblemente porque no despiertan los mismos sentimientos de compasión como lo hacen con otros grupos marginados. Cuántas personas ancianas no viven abandonados en asilos y centros de atención. Es llamativo como en occidente despreciamos la vejez y glorificamos la juventud, mientras que en oriente la vejez es sinónimo de experiencia y sabiduría.

Escuchando la entrevista, recordaba la frase de George Bernard Shaw cuando decía que la juventud es una enfermedad que se cura con los años. Y es que al valorar algo tan efímero como la juventud, lo único que se logra es prolongar lo que es inevitable. Es verdad que hemos avanzado mucho en la medicina y esto nos ha permitido que la esperanza de vida se venga alargando cada vez más. El hombre pasó de vivir 45 años en el siglo XIX a los 75 años actualmente. Esa cultura de extender la juventud hasta el límite es el síndrome de Peter Pan; la alabanza al Principito y tantas otras narrativas que hacen de la juventud una virtud. Por darle tanta importancia a la juventud, en el fondo desprecian la vejez como si fuera una etapa de la vida opcional e intrínsecamente malo. 

Nos falta valorar mucho lo que se gana con lo años. Por un lado, lo mencionábamos en la cultura oriental, se honra la experiencia en la vejez; que se traduce como sabiduría. Si algo bueno nos puede dar los años es precisamente la experiencia. Por otro lado, el narcisismo se combate con la madurez. La propia realidad es la mejor prueba de que no somos el centro del universo. Y por última, y quizá el más importante, es que las personas de la tercera edad están en mayor contacto con la realidad, que quizá es lo que más se ha perdido en nuestra cultura actual.

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