“Me siento culpable por descansar”

Antes de que comenzara la pandemia, me había propuesto ser una persona más productiva y comenzaba con hábitos sanos para mejorar mi estilo de vida, que iban desde correr hasta apuntar todo en mi agenda, sin embargo, a la llegada del confinamiento también llegaron cambios por todos lados, de los cuales ninguno estaba contemplado en mi nueva agenda y mucho en mis propósitos de año nuevo. 

No había pasado ni la semana y ya había comenzado la euforia de las videollamadas con amigas y amigos, revisar las mejores ofertas de viajes, los filtros de Instagram y hacer listas para ver qué haríamos cuando acabase la cuarentena; sin embargo, pronto comenzaron las preocupaciones en casa, el desabasto de bienes básicos y la fuerte incertidumbre, aunque pronto comenzaron los memes sobre el desabasto de papel y la emoción de tiktok… y nuevamente, a los días volvieron las angustias por las cifras de muertes reportadas, las malas noticias y el despido de mucha gente de su trabajo. 

Todo iba sumamente rápido y tuvimos que adaptarnos en un solo click, sin embargo, parece que esta velocidad hizo que nos olvidáramos de prestarle atención a una de las partes mas importantes de nuestra existencia: la salud mental. Hubo gente que se adaptó al nuevo ritmo que nos hace competir con la velocidad con la que llega un mail o un WhatsApp, sin embargo, hubo otras tantas personas que como yo, no lograron adaptarse a esta competencia contra la velocidad tecnológica y, en cualquiera de ambos casos, esto nos hace vulnerables al competir contra una tecnología que no descansa. En la mayoría de las personas, esta competencia de productividad provocó crisis de ansiedad, depresión y trastorno del sueño –por mencionar algunos trastornos catalogados por la OMS–; aunado a esto, el incremento considerable del tecnoestrés comenzó a verse reflejado tanto en redes sociales como en mis círculos cercanos.

¿Qué es el tecnoestrés? Es un concepto acuñado por el psiquiatra Craig Brod en 1984. Este concepto se refiere al trastorno presentado por el constante contacto con las Tecnologías de Información, el cual puede provocar cansancio, ansiedad, dolor muscular, temor, fatiga y dolores de cabeza. Otros derivados del tecnoestrés son: el síndrome de fatiga informativa (provocado por sobrecarga y manejo de información) y la tecnoadicción, indica Juana Patlán, profesora de psicología de la UNAM. Sin duda, el síndrome de fatiga informativa fue el que más comencé a ver en mi círculo de amigas y llegaba el momento en el que alguna tenía una crisis y se rompía la espiral del silencio… resultaba que la mayoría ya habíamos tenido ese mal pensamiento, esa angustia o ese estrés excesivo; sin embargo, todas comenzamos a coincidir en algo: teníamos que sentirnos lo suficientemente productivas. 

Este pensamiento –al parecer, colectivo– de sentir que no se está haciendo lo suficiente o que no tenemos la suficiente productividad genera una sensación de culpa al momento de tratar de descansar y, tienes que saber que no es saludable este pensamiento. Descansar es completamente saludable y más allá de eso, es indispensable para un mejor estado físico y emocional. Mis amigas y yo nos tardamos bastantes crisis existenciales en lograr comprender que descansar y alejarnos de todos nuestros deberes y «que haceres” por algunas horas al día es completamente sano y, sobre todo, es una forma de cuidarnos y prevenir cualquier enfermedad o trastorno. 

Datos de la OMS indican que la depresión afecta a más de 300 millones de personas en el mundo, siendo la primera causa de discapacidad a nivel mundial. Constantemente tendemos a normalizar emociones de sufrimiento debido a que pensamos que tener esa sensación de culpa por descansar, sentir desmotivación o padecer trastornos del sueño son parte del día a día o de alguna etapa de nuestro desarrollo, sin embargo, esto no es de esta forma y, esta normalización es en gran parte debido a la falta de información y conversación pública sobre la salud mental. Informarnos, formar parte de la conversación y prevenir es parte de nuestra responsabilidad con nosotros mismos y nuestra salud. 

¿Por qué es importante descansar? Principalmente porque nos lo merecemos. Todo el día tenemos a nuestro cuerpo y mente trabajando y, olvidamos que necesitamos y merecemos esos tiempos de despejar la mente; desde hacer ejercicio hasta pintar, ver una película o simplemente estar en silencio son actividades que mejoran considerablemente la salud emocional de nuestro día a día. La motivación y la productividad vienen de momentos de descanso y de recarga de energía, por lo que, lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos es cuidar nuestros descansos y, principalmente, nuestro bienestar emocional y la salud mental. 

Por último, te dejo algunas recomendaciones dadas por la Organización Colegial de Enfermería que, por lo menos a mí me han ayudado a mejorar mi salud mental y espero que a ti te sirva de igual forma: evitar críticas destructivas que afecten a todo el mundo, buscar apoyo de familia o amistades, intentar descansar cada 2 horas, llorar o desahogarse sin reprimir las emociones, mantener en la medida de lo posible una buena alimentación, buena higiene de sueño, evitar exceso de información sobre la pandemia y, sobre todo, recordar que esto es pasajero. 

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