DE AMLO, EL REZAGO Y OTROS DEMONIOS

Por Regina Ardavín C.

En incontables artículos que he leído, se ha sugerido que López Obrador podría rectificar sus pésimas decisiones si dejara sus necedades atrás y tomara decisiones económicas más acertadas, como sería reanudar el proyecto de Texcoco y dejar el de Santa Lucía, ya que a largo plazo, el costo de seguir con el último sería mucho mayor.

Coincido en que rectificar sería lo más adecuado y lo más razonable, pero eso va en contra de la naturaleza de AMLO.

El capital político de AMLO no depende de lo que digan los expertos ni economistas, ni de lo que hablen con hechos los números y estadísticas… su capital político está en darle pan y circo a los pobres, porque para ellos gobierna.

Y no hablo de pobres en un tono despectivo o como si la realidad en México me fuera indiferente, porque no, de hecho la situación de precariedad y de falta de oportunidades que viven la mayoría en este país me enfurece.

Pero hay que decir las cosas como son: AMLO gobierna para los pobres porque ellos, como él, tampoco entienden de economía, ni les importa.

Como él, tampoco saben formular oraciones, ni poseen un vocabulario muy elaborado.

No entienden de calificadoras, ni de los riesgos que implica para el país y para su propio bolsillo, a largo plazo, la cancelación de un aeropuerto de clase mundial.

A AMLO no le interesa gobernar para personas que entienden de macroeconomía, finanzas o políticas públicas hechas para el desarrollo.

Le interesa generar una red clientelar sólida, y las decisiones que ha tomado en lo que lleva de gobierno, han sido perfectamente congruentes con ese propósito.

Al pueblo, pan y circo. Y mientras más apendejados los pueda tener, mejor. Finalmente, de eso viven los demagogos.

Un demagogo no gobierna para el bien común. No gobierna para el país, concibiendo el desarrollo como algo integral, que beneficia a todos.

Un demagogo, como es AMLO, gobierna para la clase más jodida, que tristemente, en nuestro país es la mayoría. 

Gobierna para dividir, para alimentar la idea de que somos los fifís contra el pueblo, oprimido y olvidado.

Gobierna para quienes no entienden que el recibir y gastar dinero mensualmente, sin haberlo ganado, no genera productividad, sino inflación.

Y con este gobierno tan jodido, que no nos va a sacar adelante, y mucho pedir sería que nos dejaran igual a como estábamos cuando entraron, la responsabilidad de hacer que las cosas mejoren recae en nosotros, la sociedad civil.

Sí, es difícil aceptar una responsabilidad tan grande, asumirla y hacer lo que nos toca, pero es la realidad. 

Este gobierno nos va a hundir y nos va a llevar “entre las patas”, a nosotros y a las futuras generaciones, si no tomamos el rol que nos toca, para mejorar dentro de nuestras posibilidades las oportunidades inexistentes que tienen hoy la mitad de los mexicanos.

Hablo de oportunidades de empleo, claro, pero más que nada de educación.

Si las personas que tenemos el privilegio de saber y entender lo que pasa en México y en el mundo, nos cerramos como “club sólo para cultos” o “club sólo para ricos”, seguiremos en esta misma situación durante décadas por venir.

Sí, estoy de acuerdo en que al Gobierno es al que le tocaría hacer buenas políticas públicas para que la educación en México fuera excepcional, cosa que definitivamente cambiaría el futuro de nuestra nación y nos podría convertir en potencia en unos 30 años, como fue el caso de Singapur hace décadas, cuando su gobierno asumió su papel e invirtió en lo que debía invertir, educación.

Pero recordemos quién es AMLO, y el tipo de gobierno que respalda… a él le conviene que la gente no tenga educación, ni que puedan formar un criterio informado. 

Es triste pero es la realidad: este gobierno no quiere un pueblo educado; al contrario, que siga siendo un pueblo bananero… sin educación, sin oportunidades, sin productividad.

Así, el dador de todo, el “salvador AMLO”, podrá tener a los más vulnerables de la sociedad como perritos persiguiendo el hueso, ya que su bienestar dependerá de él directamente, y así, él se podrá perpetuar en el poder, al igual que su partido.

Entonces, las cosas no van a cambiar por sí solas. Ni por el gobierno, al menos en este sexenio… y para como pinta el panorama, dudo que las malas noticias duren sólo 6 años.

Si queremos cambios tenemos que hacerlos nosotros. Esperar a que llegue un buen gobierno para cambiar las cosas es perpetuar con la misma ideología paternalista de la que tanto nos quejamos, de “papá gobierno” que resuelve todo.

Y si no queremos cambiar nosotros, aceptemos lo que venga, con la responsabilidad que tenemos en ello. No es responsabilidad sólo de políticos, ni sólo de empresarios, ni de millonarios. Es de TODOS.

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