NETANYAHU… ¿LIDERAZGO SUFICIENTE?

Por Jaime Tbeili

Un pequeño país de Medio Oriente vivirá un proceso electoral el 9 de abril de este año. Será definitivamente un proceso complejo y revelador, sobre todo porque en esta ocasión coinciden intereses internacionales, religiosos, económicos y militares diametralmente diferentes.

Medio Oriente suena lejano, pero este pequeño país (Israel) vivirá unas elecciones que en algún sentido se parecen a las que vivió México en 2018.

En Israel el sistema de gobierno es semipresidencialista. Esto significa que hay un Presidente y un Primer Ministro, éste último es quien dirige el gobierno.

Pero el Primer Ministro no es electo de manera directa, es un miembro del parlamento israelí (la Knesset). Hay 120 asientos en la Knesset, y para ser Primer Ministro se necesita dirigir a la mayoría. El sistema electoral funciona básicamente así:

  • Los partidos y coaliciones se registran para la elección y presentan a sus líderes. Esto es muy importante, pues el líder del partido con más votos será Primer Ministro.
  • El 9 de abril los ciudadanos votan. La elección es legislativa, es decir, los partidos compiten para tener asientos en la Knesset.
  • Si un partido o coalición obtiene 60 asientos o más, se convierte automáticamente en el partido en el gobierno, y su líder en Primer Ministro.
  • Si ningún partido alcanza los 60 asientos, el partido que más asientos obtuvo tiene la tarea de juntarse con otros para alcanzar este número. Por ejemplo, si el partido X obtiene 38 asientos, tendrá que negociar con otros para que se sumen a su gobierno y así consiga los 22 restantes. A este proceso se le conoce como “formar gobierno”.
  • Si no se logra formar gobierno después de un periodo establecido, se repite la elección. Si en algún momento se separa el gobierno formado, se convoca de nuevo a elecciones. Esto sucedió en 2018 y por eso las habrá este año.

Una misma persona puede presentarse como líder de un partido cuantas veces quiera, y por lo mismo puede ser reelecto varias veces. Así le sucedió al actual Primer Ministro, Benjamín “Bibi” Netanyahu en 2013 y 2015.

Pero a diferencia de lo ocurrido en esos años, ahora el sistema juega en contra de Netanyahu. Likud, su partido, cayó a segundo lugar en las encuestas cuando se presentó la coalición centro-izquierdista “Azul y Blanco” de los partidos Hosen Lisrael, Telem y Yesh Atid.

Mientras tanto, el mandatario ha mantenido su popularidad. Las encuestas indican que los israelíes prefieren a Netanyahu sobre Benny Gantz, el líder de Azul y Blanco.

Es algo parecido a lo que sucedió en 2018 con José Antonio Meade; por más que él estaba bien posicionado, el PRI se encontraba por los suelos. La pregunta es si en Israel Netanyahu salvará a Likud o si Likud arrastrará a Netanyahu.

En 2018 el gobierno formado por Bibi se separó por desacuerdos en cuanto a una reforma legal que garantizaba excepciones al servicio militar para algunos ciudadanos. La reforma fue terriblemente impopular y dejo mal parado a Likud. El Primer Ministro mantuvo distancia en el asunto y se mantuvo “limpio”. La población israelí lo ve como un líder fuerte y competente.

Durante su periodo, Israel ha visto años de gran estabilidad económica y buenas relaciones internacionales, particularmente con la llegada de Trump, con quien mantiene una relación cercana.

En los últimos meses se ha involucrado en numerosos casos de corrupción y tráfico de influencias, sin que se haya logrado comprobar nada. Si realmente cometió alguna falta grave o no, creo que nunca lo sabremos. Con un IQ de 180, es muy astuto y para nada tonto, tratar de comprobarle algo no es sencillo.

Pero el mundo de lo comprobado y el mundo de lo percibido son totalmente diferentes. Si la coalición de Gantz consigue que los ciudadanos perciban a Netanyahu como un líder verdaderamente corrupto y dañino, puede tener una oportunidad muy real de ganar estas elecciones.

Gantz también debería de acusar a Netanyahu de autoritario. Es una buena carta pues si Bibi gana esta elección, se convertirá en el Primer Ministro con más tiempo en el poder de la historia del Estado.

Como en México, Israel se está inclinando por un gobierno de izquierda, formado por partidos anti-establishment, de reciente fundación y con individuos que crecieron con ideologías que ahora pretenden derrotar. Será interesante ver si deciden de la misma forma en que se decidió en nuestro país.

Aquí hay intereses de todos los tipos y de todos lados, un Primer Ministro fuerte con un partido débil y una sociedad dividida, cuya última palabra se recibirá en Jerusalén en un par de semanas.

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