GUARDIA MILITAR

Por Abraham Martínez

México es el país de Latinoamérica en donde el orden constitucional ha prevalecido ininterrumpido durante más tiempo.

En buena medida, la estabilidad política que se logró durante el complicado siglo XX y lo que va de este, se ha debido a la clara separación entre el poder civil y las FF.AA., algo que en el resto de países Latinoamericanos no ocurría y que dio pie a tantos golpes de estado, inestabilidad y crisis de gobernabilidad.

En México, el partido oficial estableció que los militares salieran de la política a finales de los 30 y principios de los 40.

La guardia nacional con mando militar, así como las inusuales tareas que piensa asignarles el Presidente López Obrador (construir un aeropuerto, departamentos, comprar pipas de gasolina, etc.), representan un cambio radical que, de concretarse, nos regresa a un esquema que ciertamente no es propio de las democracia liberales.

Sin duda, estas acciones tienen una similitud con el concepto de “unidad cívico-militar”, por ejemplo, propia del chavismo (y de otros movimientos desafortunados, tan comunes en “los pueblos de nuestra América”). No hay que ser alarmistas, pero tampoco seamos ingenuos: los paralelismos y la historia ahí están.

La única forma de consolidar nuestra joven democracia y el estado de derecho, es el fortalecimiento de las instituciones, del sistema de pesos y contrapesos y la separación de poderes; es también la mejor manera de conseguir la justicia social que es estandarte del programa lopezobradorista.

Los gobiernos no funcionan a base de buenas intenciones: son sistemas complejos en donde los cambios, aparentemente sólo de formas, pueden tener consecuencias de fondo difíciles de remediar.

Para no dar un paso en falso, lo más importante sería que los legisladores estuvieran a la altura y que detuvieran el cambio constitucional que daría a los militares control sobre la seguridad pública con la llamada Guardia Nacional.

El presidente probablemente lo tome como un ataque de los que no quieren el progreso del país: los conservadores de siempre. Qué más da. Lo más importante es la salvaguarda del Estado; y el Estado, aunque pareciera no quedarle claro, no es él.

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