VENEZUELA Y LA INCONGRUENCIA DE AMLO

Por Regina Ardavín C.

Es una pena que en situaciones donde no hay matices de grises, donde está muy claro el blanco y el negro, el gobierno mexicano decida pecar de omisión ante el sufrimiento y la crisis humanitaria que se vive en Venezuela.

Ser «neutral» en este caso no es una manera de lavarse las manos y quedar bien con todos, es una manera de apoyar el mal sin querer asumir la responsabilidad que la postura conlleva.

En declaraciones anteriores, México ha tomado la postura de “respetar” el gobierno de Maduro, bajo la premisa de no entrometerse en asuntos de otros países y respetar su soberanía. Una salida fácil para darle la vuelta al asunto, dejando que la falta de claridad y de un mensaje certero, dé cabida a que Maduro aproveche esa tibieza a su favor.

México ha tomado implícitamente la postura de “no apoyamos la crisis que vive el pueblo venezolano, y nos lamentamos por su situación, pero… respetamos al autor de dicha crisis, porque ante todo está la soberanía de cada país”.

Eso equivale exactamente a decir: “estoy en contra de la violación y jamás la defendería, pero quiero seguir siendo amigo de un violador”. Lo cual aplica perfectamente al caso de Maduro, quien si no es un violador con connotación sexual, sí es un violador sin piedad de los derechos humanos más elementales.

Incongruencia total. La soberanía recae en el pueblo, es la máxima expresión de la voluntad de éste para auto-determinarse, no para que un demagogo obsesionado con el poder y consigo mismo la determine. Venezuela es una democracia y el pueblo busca ser representado con libertad y dignidad, por un gobierno legítimo.

AMLO y sus más fieles quieren pretender ser personas de principios, un gobierno “pacífico” en donde abunda el respeto y la inclusión, pero lo que no entienden es que justamente tener principios y promover el respeto implica poner límites. También pretenden defender la democracia, mientras defienden silenciosamente a un gobierno autoritario.

Hacer caso omiso de injusticias, violaciones innumerables a los derechos humanos más básicos por parte del gobierno de Maduro al pueblo venezolano, no es respeto… es complicidad.

Uno no puede defender lo indefendible bajo la premisa de que no es asunto de uno… Sí es asunto de uno, porque ser venezolano de sangre no es una condición necesaria para entender la situación por la que un pueblo hermano ha pasado.

Y así pasara esta misma situación en un país con diferente lengua, con diferente cultura, con antecedentes históricos completamente ajenos a los nuestros, seguiría siendo imprescindible tomar una postura y defenderla.

Como mexicanos claro que nos toca hacer saber que el gobierno de AMLO y su postura oficial no nos representa, pero también nos toca hacer conciencia y estar preparados y anticipar lo que puede venir en nuestro país.

No estar en contra de Maduro es estar a su favor, y solo una persona inhumana y vil podría apoyar a alguien tan despreciable como Maduro. La postura de apoyo y amistad de Andrés Manuel con el dictador tiene implicaciones más allá de que López Obrador intente, fallidamente, ser “políticamente correcto” con su postura.

El amiguismo y la cercanía con una persona que destrozó a una nación entera es sinónimo de afinidad e identificación mutua.

Lopez Obrador no solo respeta a Maduro, sino que en el fondo piensa como él y respalda sus acciones. 

Como mexicanos tenemos que ser muy contundentes en nuestra postura y castigar al gobierno en las elecciones intermedias… votar por un partido político y por una persona como AMLO tiene más implicaciones de las que la mayoría prevé. 

Si el gobierno no quiere ser congruente con los principios que dice defender, a nosotros sí nos toca ser congruentes, y nos toca defender los principios que queremos que nos rijan: libertad, democracia real, respeto a la oposición y sufragio efectivo.

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