LA VIDA DE ROBERT BOWERS, EL ASESINO DE PITTSBURG

Por Jaime Tbeili

 

Normalmente escribo un artículo cada dos semanas, pero no me quise esperar para escribir acerca de este tema, porque realmente creo que es importante y que, al igual que todos mis correligionarios, tengo una responsabilidad moral de hablar acerca de esto.

El pasado 27 de octubre, cerca de las 10 de la mañana, un hombre llamado Robert Bowers entró a la sinagoga de la congregación Etz Jaim (Árbol de la Vida) en la ciudad de Pittsburgh y asesino a once personas e hirió a seis más, incluidos cuatro policías. Bowers disparó contra el grupo de judíos, expresando mensajes de odio y antisemitismo. Él mismo sufrió varios disparos y fue trasladado al hospital.

Una vez ahí fue el doctor judío (que irónico) Jeff Cohen, quien lideró el equipo de médicos (varios de ellos también judíos) que le salvaron la vida a Bowers, mientras él seguía expresando su deseo de asesinar judíos y su creencia de que todos los judíos deberíamos de morir.

En una entrevista con Channel 4 News el Dr. Cohen dijo “My job isn’t to judge him… my job is to care for him” (Mi trabajo no es juzgarlo, mi trabajo es cuidarlo).

El lunes pasado, una vez que el paciente salió de peligro, se presentó ante un tribunal, donde inició un proceso judicial que probablemente no será corto.

El día de ayer a las 3:04 de la tarde el periódico The Wall Street Journal publico un artículo en el que se anunciaba la posibilidad de que el sistema de justicia estadounidense condene a Robert Bowers a la pena de muerte, acusado de 44 cargos, incluyendo obstrucción de la libertad religiosa, crímenes de odio y once asesinatos.

Lo que este hombre hizo fue horrible, y no hay excusa valida para justificar sus acciones. Pero creo que buscar la pena de muerte no es correcto.

No pretendo decir que puedo entender el sentimiento de las familias que sufrieron las consecuencias de las decisiones de Bowers y la decisión de lo que él tiene que enfrentar es de ellos, y del sistema.

Dicho eso, a mi parecer hay dos argumentos a considerar en cuanto a si se debe de administrar la pena de muerte o no. En primer lugar, condenar a muerte a Bowers es un insulto para el esfuerzo del doctor Jeff Cohen y su equipo, quienes a pesar de sus sentimientos pusieron su ética profesional como prioridad.

En segundo lugar, y más importante aún, la vida tiene un valor por sí misma y sólo en situaciones extremas el hombre tiene derecho de quitarle la vida a otro hombre. Y para entender “situaciones extremas” hay que darle perspectiva a esto: la última vez que se condenó a alguien a la pena de muerte por el asesinato de judíos fue a Adolf Eichmann (autor intelectual de la solución final, responsable de la muerte de millones de personas).

Este hombre mató a sangre fría a once personas por ser judíos, y hay que salvarle la vida exactamente por esa razón: somos judíos, y creemos en la importancia de la vida y en el perdón, no en la venganza, ni en la justicia sin piedad.

Creo que la decisión no se trata nada más de si Bowers vive o muere. Se trata de decidir que es más importante: quienes somos o la magnitud del daño que nos causo este hombre el pasado 27 de octubre.

Escuchar de la masacre de Pittsburgh fue terrible, para mí no murieron once personas, murieron once familiares, no pretendo restarle importancia a lo sucedido, y mi corazón está al 100% con las víctimas y con sus familias. No quiero defender las acciones de Robert Bowers. Sólo su vida.

Respeto la opinión de aquellos que piensan que Bowers tiene que ser condenado a muerte, pero no la comparto.

Written by
No comments

LEAVE A COMMENT