EL GOBIERNO DE GOBIERNOS

Por Jaime Tbeili

 

Varios autores de distintas épocas y lugares han escrito acerca de cómo se creó el Estado. Muchos otros han hablado de cómo éste se ha ido desarrollado, de cómo han cambiado sus instituciones y de cómo ha cambiado la forma en la que se gobierna y organiza.

Platón, por ejemplo, escribió que cada individuo poseía algo que el otro deseaba. Así los individuos se asociaron para crear familias, comunidades y, eventualmente, Estados, donde distintos grupos desempeñan distintas funciones que benefician tanto a la comunidad general como a sus miembros.

Mucho tiempo después, Hobbes y Locke hablaron acerca de cómo el hombre en su estado natural o salvaje (i.e. estado de guerra), decide agruparse con otros para formar un Estado, y en este proceso renuncia a ciertas atribuciones.

Para Hobbes, el hombre renuncia a su derecho a imponerse sobre otros, en esencia a ser juez y parte en sus conflictos y es entonces el Estado el que le garantiza libertades. Para Locke el hombre es libre en todo momento y él decide renunciar a algunas libertades para que el Estado lo proteja principalmente en su vida y en sus propiedades.

Más adelante Rousseau retomaría muchas de estas ideas y les pondría el nombre de contrato social.

Por otro lado, en cuanto al desarrollo del Estado, la mayoría de las naciones que conocemos hoy en día tuvieron al menos un periodo monárquico. Fue el paso de los años lo que les permitió a las monarquías madurar y formar gobiernos cada vez más incluyentes, hasta llegar a la democracia liberal moderna, en la que (en teoría, al menos) todos pueden participar.

Ahora vamos a verlo en gran escala, vamos a imaginar un “Estado internacional”. Con Platón se argumenta que cada Nación produce ciertos bienes que otras naciones quieren y no pueden conseguir. Esto lleva al establecimiento de relaciones comerciales que eventualmente forman organismos más grandes (como la Organización Mundial del Comercio). Estas imponen ciertas reglas para que cada quien haga lo que le corresponde favoreciendo a la comunidad y a sus miembros.

También podemos pensar (ayudándonos en Locke y Hobbes) que todos los Estados tendrían derecho a declarar la guerra indiscriminada y matarse entre sí, pero deciden constituir cortes y tratados internacionales buscando el bien propio, de los demás y de sus ciudadanos, incluso si esto significa renunciar a ciertas libertades, a cambio de recibir protección internacional cuando sea necesaria (como sucede con la Unión Europea, la OTAN, las cortes internacionales o incluso la ONU).

Esta teoría tiene muchas complicaciones, partiendo de que si un individuo no cumple con su papel o sus responsabilidades se le puede encarcelar o multar, a un Estado con trabajos y se le puede imponer sanciones.

Pero seguimos en una etapa temprana del desarrollo de una comunidad internacional. Apenas nos estamos consolidando como una monarquía (una en la que las grandes potencias toman todas las decisiones).

Esto tiene implicaciones importantes. Cada vez existen más instituciones que promueven la inclusión, los derechos humanos y el desarrollo democrático de las naciones. Si nuestro mundo evoluciona de la misma manera que nuestros gobiernos lo hicieron, pues nuestro mundo lo está haciendo a una velocidad vertiginosa.

Tal vez los Estados en general nunca lleguen a evolucionar como el Estado lo hizo al interior y nunca lleguemos a formar una verdadera comunidad internacional.

Pero tal vez, sin darnos cuenta, el ser humano se esté encaminando a crear un modelo todavía no imaginado de Estado internacional. Uno que realmente abarque más que solo una Nación y que al igual que los Estados individuales, apenas está madurando. Tal vez algún día seamos capaces de formar un Gobierno de Gobiernos.

Written by
No comments

LEAVE A COMMENT