EL DÍA DESPUÉS DE LA CONSULTA: NAICM

Por China Camarena

 

Es lunes. 8:00 de la mañana en el reloj. ¿Ya es lunes? Ojalá el fin de semana durara más. Ojalá existiera un octavo día que se uniera a esa tercia perfecta con la que culmina la semana. Estoy cansada. No vuelvo a salir viernes y sábado seguidos. Espera. Es LUNES. 8:00 de la mañana en el reloj. La consulta de López Obrador para el Nuevo Aeropuerto terminaba ayer, los resultados deben estar ya difundiéndose en los medios. Reviso mi celular. Efectivamente, mis redes sociales ya están llenas de enlaces que comparten la última primicia: “El pueblo ha decidido: el Aeropuerto de Texcoco seguirá su construcción” “AMLO: Respetaré la decisión del pueblo, el NAICM de Texcoco sigue en pie” y mi favorito “La simulación perfecta: López Obrador hace como que sí nos preguntó” -ah no, esa última no está- solo pensé en voz alta.

Pero sí, la novedad es que el Aeropuerto siempre sí va. Y entonces los «lopezobradoristas» están felices porque el voto que emitieron el 1 de julio sí valió la pena. Porque López Obrador sí está haciendo las cosas diferentes. Él sí está involucrando al pueblo, como lo hace una democracia efectiva. Carajo. ¿Somos o nos hacemos?

Yo no voté. No fui a la casilla no porque no tuviera una postura frente a este tema. No porque no quisiera sentir que mi voz fue escuchada. ¿Pero qué es mejor? ¿Jugar a la democracia o exigir una? Si de algo estoy segura es que el no haber sido partícipe de dicha consulta no me hace menos demócrata o en su defecto, no me hace una demócrata incongruente, pues mi decisión no se basó en una cuestión de participación ciudadana sin fundamento, sino en el análisis de la causa, el proceso y el efecto. Y en este caso yo desconfié de los tres.

De la causa, por no ser más que otra promesa de campaña vacía; otra evidencia de demagogia. Una simple despensa ideológica para el electorado. Del proceso, que comenzó con el presidente electo adjudicándose tareas que le correspondían hasta el primero de enero, y que referían a dos incongruencias monstruosas: la primera, el pretender instaurar una herramienta de democracia participativa sin la seriedad que dicha herramienta requiere; es decir, sin hacerlo con las instituciones y órganos gubernamentales pertinentes. La segunda, que de haberlo hecho apegado a los decretos constitucionales, probablemente hubiera costado muchísimo dinero, lo que supondría un suicidio de su discurso de austeridad. Y sería un suicido por el efecto que traería consigo. Él lo sabía, su equipo lo sabía. No podrían justificar un gasto tan grande en un tema que siempre tuvo respuesta y que por tanto, nunca estuvo en manos del “pueblo sabio”. Me encanta. El ingreso político es increíblemente alto, el costo económico, increíblemente bajo.

Es lunes. Estoy frustrada porque hay una gran mayoría de personas que compran la simulación. ¿Todo el sexenio será así? ¿Ganando agenda jugando a ser honesto? ¿jugando al ser el héroe? ¿jugando a la democracia cuando todo se queda en un titular o en una consulta cuya “muestra representativa” no refleja ni un susurro de todo lo que queremos gritar? Carajo, es lunes. 8:30 de la mañana en el reloj. Me voy al trabajo con una certeza: pronto tendremos nuevo aeropuerto en Texcoco, legado del presidente Peña Nieto y del grupo de empresarios que dejó que López Obrador jugara al demócrata y justiciero un fin de semana con la condición de que luego los dejara en paz. Ya deben estar brindando. Después de todo, ya son las 5 en algún lugar del mundo.

 

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  • Me encantó tu tono irónico, sagaz pero tremendamente documentado. Sugiero que en el plan sexenal lopista se incluya la creación del instituto mexicano del atole,, para formalizar el uso del «dedito» con que gobernará el populista presidente

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