La pluma roja

Por Hugo Bojórquez

 

La guerra o la paz; el socialismo o el capitalismo; la igualdad material o la igualdad ante la ley; la tiranía o la anarquía; la ingeniería social o el orden espontáneo; las distopías o las utopías. Así suele pensarse la batalla de las ideas. Estos conceptos, propiamente definidos dan un norte al deber, aunque más importante, señalan lo que debe evitarse para no impedir que los individuos libremente puedan perseguir su felicidad. Lo complejo de estas dicotomías es que son conceptos graduales, dificultando el análisis histórico.

            Una buena forma de identificar si un concepto es de grado, es identificar si se puede aplicar el adverbio “muy”. Por ejemplo: Muy bigotón, muy rojo y muy malo. Las cualidades de grado tienen la dificultad de no poder identificar con exactitud la frontera de cuando pasan de un grado a otro. Difícil saber en qué grado centígrado la sopa paso a estar muy caliente.

Los conceptos de socialismo y economía de mercado son conceptos de grado. Socialismo es el sistema donde el gobierno es dueño de todos los medios de producción. Por lo que el mercado negro por definición no es socialista. Se puede ser un país con una economía muy abierta o muy socialista. Realmente no ha existido una sociedad moderna que haya sido 100% socialista o tenga una totalidad de libertades económicas. En la historia sólo se han presentado sociedades de mercado y socialismo matizados, lo cual suele generar justificaciones del tipo “Venezuela no es verdadero socialismo” o “Estados Unidos no es capitalista”. Ambas posturas parecen blindadas del revisionismo histórico. Aunque si aceptamos los matices, entonces resulta mucho más iluminador qué clase de políticas públicas suelen generar riqueza y cuáles crean pobreza y tiranía.

 

Matices rojos:

La Unión Soviética tenía ciertos bienes que se intercambiaban libremente, como era el caso de los pantalones de mezclilla que se importaban en el mercado negro. Estaban prohibido usarse, pero eran las ganas de diferenciarse dentro de los jóvenes que a escondidas en las casas usaban mezclilla.

Cuba pese a ser un país socialista, tiene ciertos negocios que no están regulados por el gobierno. Esto suele darse con gente cercana a los extranjeros. Esa actividad que no regula el gobierno son las propinas. Vivir de propinas permite un enriquecimiento más grande que el de la mayoría de los trabajadores promedio de Cuba.

Los venezolanos que se han mantenido sin ser burócratas, son aquellos que especulan el mercado negro. Dado que tienen prohibido el uso de otra moneda distinta a un bolívar, que ganó este año el récord inflacionario con 1,000,000%, algunos venezolanos han decidido vivir de la especulación de las criptomonedas, los metales o el dólar.

 

Matices aureonegros:

Una de las sociedades con mayores libertades son Liechtenstein, Mónaco o Hong Kong. Sin embargo, en estos países sigue existiendo un gobierno que viola la igualdad ante la ley, redistribuyendo e interviniendo en la cultura por medio del sistema educativo.

“La pluma es más poderosa que la espada”. Bulwer-Lytton

Corea del norte vs Corea del Sur; Alemania Occidental vs Alemania Oriental; Estonia vs Ucrania. La lección es clara, la servidumbre no reduce la pobreza, la aumenta; la libertad permite combatir el hambre. El socialismo no produce buenos gobernantes, por lo que es preferible contener el poder de quien quiera usar la fuerza. Sin embargo, muchos siguen con los sueños de la ingeniería social. En gran parte por la intervención del gobierno en la cultura subsidiando artistas, museos y sistemas educativos que los legitiman. Los gobernantes Hitler, Mussolini, Stalin, Mandela, Lázaro Cárdenas, Fidel Castro pusieron mucha atención al sistema educativo. Se dieron cuenta que todo gobierno, hasta la peor de las dictaduras, necesita de legitimidad para poder privar a los ciudadanos de su propiedad privada y por ende, de su libertad.

Hoy en día es predominante la opinión que favorece la educación pública en todo el mundo. Idea comenzada en Esparta donde el gobierno criaba a los niños. En la Edad Media, quien continuó con esta idea fue Martín Lutero en plena reforma protestante, para adoctrinar a la población con las ideas de su religión. En México fue Juárez quien hace obligatoria la educación, prohibe la educación religiosa y se impone un plan de estudio con clases de moral inspiradas en el positivismo ilustrado de Gabino Barreda, alumno de Comte. Una forma de ir combatiendo la moral tradicionalista cristiana para legitimar la expansión del gobierno en roles que tradicionalmente le tocaba a la familia y a las instituciones religiosas. ¿Qué clase de retórica utiliza la tinta roja del opresor, para continuar sometiendo a las personas?

Esclavismo, Socialismo y Estado de bienestar.

La pluma del opresor suele ser muy sagaz. Lo cual genera que muchas personas bien intencionadas caigan en la trampa. Promesas de la riqueza en especie disfrazadas de “derechos”. Mundos donde los precios se determinan por el esfuerzo y no por la apreciación subjetiva del cliente. La visión de una sociedad de bestias, donde la igualdad material reina y no individuos persiguiendo su felicidad. El resultado: Incentivar marchas que estorban al trabajador humilde. En vez de obtener riqueza por ofrecer un bien o servicio que la sociedad demanda, se obtiene robando por medio del voto. La desidia y el asistencialismo se vuelven “derechos”. La igualdad ante la ley se ve mermada por el resentimiento y la envidia. Todo esto con una visión moral reprochable, disfrazada de piedad.

 

La moralina socialista.

El indigno. Lo utiliza el grupo opresor para justificar el depotismo sobre el grupo sometido. Ya sea en nombre del alma, la raza o la ignorancia. La finalidad es concluir que los gobernados carecen de la suficiente dignidad para salir adelante con su trabajo. A continuación unos ejemplos:

En la Nueva España en el debate de Bartolomé de la Casas vs. Sepúlveda, uno de los argumentos que dio Sepúlveda para justificar la opresión de los españoles sobre los indígenas, fue la falta de dignidad de los originarios del continente americano. “Los indios son o al menos eran antes de caer bajo el dominio de los cristianos, todos bárbaros en sus costumbres y la mayor parte por naturaleza, sin letras, ni prudencia y contaminados con muchos vicios bárbaros”.

A inicios del Siglo XX, los progresistas en Estados Unidos como Woodrow Wilson, implementaron salarios mínimos como forma de excluir a mexicanos, chinos, afroamericanos, judíos y mujeres. La justificación era positivista, eran grupos que evolutivamente iban a trabajar por salarios que no daban para una vida digna. Kellogg, periodista progresista afirmó “Un salario mínimo para inmigrantes excluiría a Lucca y Spivak y otros “greeners” (migrantes) de nuestras industrias comunales” guardando un empleo estadounidense a “John Smith y Michael Murphy y Carl Sneider.”

El idiota. La segunda figura que predomina para justificar la servidumbre es afirmar que las personas no saben en qué deben de gastar su dinero. “La división de trabajo y la desintegración de la sociedad que provoca la libertad y libre competencia, es particularmente perjudicial para las clases más pobres; aparte del trabajo necesario para mantener una familia, el pobre tiene la carga de encontrar un hogar, conseguir empleo y atender las necesidades y preocupaciones del hogar.” ¿Suena familiar? “La esclavitud alivia a nuestros esclavos de todas estas preocupaciones, la esclavitud es una forma y la mejor de todas las formas de socialismo.” Palabras del esclavista norteamericano Fitzhugh.

Velos autoritarios.

El argumento de Fitzhugh subyace al estado de bienestar. Si simplemente se estuviera a favor de la redistribución de la riqueza, entonces se haría mediante el Ingreso Básico Universal. Incluso se ve como una medida populista que incentiva la desidia y el gasto en vez del trabajo y el ahorro, lo cual es cierto. También se afirma que suele erosionar la familia y la sociedad civil, no importa cómo trate al prójimo, llámese jefe, cliente, amigo o familiar, siempre tendré el dinero de los demás sin tener que trabajar, basta con seguir votando por el político que haga esa propuesta. Lo que resulta más difícil a las personas es darse cuenta que lo que suelen llamar “derecho a la salud, agua, transporte, internet, educación, abortar (llénese con todo lo que el político busque persuadir a sus votantes)” es una redistribución en especie. Lo cual es una medida aún más paternalista, porque se asume que el ciudadano es bastante idiota para planificar su vida. Sinceramente, ¿quién sabe más de la necesidad de las familias, los padres de familia o los burócratas?

¿Esperanza?

El mexicano diligente que migra para salir adelante, porque donde él nació el gobierno estanca con impuestos al trabajador y soborna con programas sociales al mediocre. El padre de familia que sabe que la mejor forma de alejar a sus hijos de los vicios es con la educación en casa, predicar con el ejemplo y mostrar que el dinero se gana con el sudor de su frente. El ciudadano que aleja a su hijo del asistencialismo, para distanciarlo de la miseria y del crimen. Afortunadamente, conozco muchos.

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