Esa Tiene que Ser Nuestra Prioridad

Por Jaime Tbeili Benpalti

 

Andrés Manuel López Obrador asumirá la presidencia el próximo primero de diciembre con la bandera del cambio en alto. Aunque nadie sabe a ciencia cierta qué significa, o como se va a llevar a cabo dicho cambio, sabemos que probablemente esté relacionado con las reformas de Peña Nieto, principalmente la energética y la educativa, aunque cada vez se hable menos de esta última.

Cuando se aprobó la reforma energética los resultados no tardaron en notarse. El aumento en los precios de la gasolina, la entrada de nuevas gasolineras de empresas nacionales e internacionales y la triste situación de PEMEX no fueron procesos particularmente sutiles. En cuanto a la reforma educativa, la historia no fue muy diferente. No faltaron las marchas y los ‘plantones’ de maestros demandando la cancelación de la reforma, que López Obrador calificó de laboral y no educativa.

Desde el principio la reforma energética pareció adquirir mayor importancia y mayor espacio mediático, mientras que la reforma educativa fue relegada a segundo plano. El gran gasolinazo de principios de 2017 tenía toda la atención de la opinión pública y la educación se había vuelto, en cierta medida, un tema cotidiano y repetitivo.

Ahora que terminaron las elecciones y AMLO tendrá la presidencia, el tema de la cancelación de ambas reformas, así como las consecuencias de hacerlo, está sobre la mesa.

La cancelación de la reforma energética sería un freno en el proceso de apertura comercial y liberalización de nuestra economía, disminuyendo el interés de inversionistas extranjeros en nuestra economía. No sería lo ideal, pero no sería desastroso.

Pero la cancelación de la reforma educativa representa un retroceso en el desarrollo de millones de mexicanos que no recibirán la educación que pueden, deben y merecen recibir. Un cuerpo de docentes competitivo y calificado permite que los estudiantes tengan una preparación cultural y académica completa que a su vez les permita tener acceso a más y mejores oportunidades en el futuro. La educación de calidad otorga herramientas para desenvolverse en un mundo cambiante y globalizado.

El objetivo de este artículo no es ni defender ni criticar las reformas, tampoco hacer un análisis de si deben de ser canceladas o no. El objetivo es simplemente poner en perspectiva las consecuencias que, en el peor de los casos, puedan venir con la cancelación de cada una de ellas.

Es evidente que no buscamos simplemente el menor de los males, pero perder de vista el tremendo significado que tiene la educación en nuestro país es un crimen en todo el sentido de la palabra. Tan pronto como el nuevo gobierno construya un plan que determine el rumbo de la educación durante los próximos seis años, podremos hablar de echar para atrás o no la reforma actual.

De aquí a entonces, no podemos aceptar que el gobierno simplemente destruya todo lo que se hizo en el sexenio anterior y confié en que la educación funcionara por si misma, sin una dirección y una serie de objetivos que alcanzar.

Mientras se debaten temas como la legalización del aborto y de la marihuana, la cancelación del nuevo aeropuerto y de la reforma energética, el nombramiento de Bartlett y el encuentro de Andrés Manuel con Meade; hemos desviado nuestra atención del único mecanismo con el que podemos defender y asegurar nuestro futuro: la educación.

Andrés Manuel López Obrador asumirá la presidencia con la bandera del cambio en alto. No sabemos si el cambio se verá en economía, corrupción, la reforma energética o la marihuana. Lo único que sabemos es que sin progreso en educación no habrá cambio suficiente para impulsar a México. Esa tiene que ser nuestra prioridad.

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