Violencia política contra las mujeres en México

Por Cecilia Palomo

 

Los derechos políticos son la base de todo régimen democrático, por lo tanto, es obligación de los Estados promoverlos y defenderlos. Estos derechos que fueron tan claros desde el origen de los sistemas jurídicos regionales e internacionales, se desploman ante la ola de violencia que ahoga la democracia en México, de cara a las próximas elecciones.

 

Según el informe de la consultora Etellekt, al 8 de mayo de este año se contabilizaron 305 agresiones, directas e indirectas, contra actores políticos y sus familiares, arrojando un saldo de 93 políticos asesinados, 35 de los cuales eran precandidatos y candidatos, adicionalmente 44 familiares de actores políticos también perdieron la vida.

Un porcentaje importante de víctimas fueron privadas de su libertad y halladas con señales de tortura y violencia extrema.[1]Las entidades federativas que se colocan a la cabeza en violencia política son Oaxaca, Guerrero, Puebla y la Ciudad de México donde se identificaron casos que incluían asaltos y amenazas de muerte contra candidatos a las alcaldías, mismos que ocasionaron la declinación de una candidata del PRI que contendía por Xochimilco. [2]

De las 305 agresiones globales, 70 se dirigieron contra mujeres, los Estados que encabezan la lista de asesinatos son Guerrero (5), Oaxaca (2), Michoacán (1), Estado de México (1) y Chihuahua (1).[3] A estos datos, se suma la reciente convocatoria que ha circulado en redes sociales, para una marcha pacífica nacional contra la violencia el próximo 14 de junio, señalando que en menos de 24 horas fueron asesinadas 4 candidatas, solicitan además unir esfuerzos para denunciar que la violencia política contra las mujeres por razón de género es real y es grave. [4] A pesar de que este tipo de violencia no distingue colores ni partidos, sigue siendo un problema invisibilizado para muchos, el argumento más frecuente suele ser: “a los hombres también les pasa todo eso”, por lo tanto es importante reflexionar desde un enfoque distinto por qué es importante abordar este tema.

 

Han transcurrido apenas 65 años, desde que tras una larga lucha, la Constitución nos reconoció derechos políticos a las mujeres en México, a nivel regional países como Brasil, Uruguay, Cuba, República Dominicana, Guatemala y Haití, entre otros, nos antecedieron en el reconocimiento del sufragio femenino. A pesar de que las mujeres han alcanzado una igualdad formal (reconocida por la ley), sigue habiendo gran disonancia entre el “decir” y el “hacer”, las mujeres siguen estando marginadas en gran medida de la esfera política en todo el mundo, con prácticas, actitudes y estereotipos de género discriminatorios, bajos niveles de educación, falta de acceso a servicios de atención sanitaria, y un ciclo de pobreza que las hace dependientes económicas de manera desproporcionada. [5]

 

En México, estas diferencias se perciben no tanto en niveles de representación, ya que desde la reforma político electoral de 2014 se determinó la obligación para los partidos políticos de garantizar la paridad entre géneros en candidaturas federales y locales, quedando únicamente un rezago respecto del espacio municipal, en el que actualmente las mujeres ocupan en promedio 16% de las presidencias municipales.

El problema grave se encuentra por lo tanto, en los actos de violencia, que reproducen conductas discriminatorias contra las mujeres en contextos políticos, durante el ejercicio sus derechos electorales, teniendo por objeto o resultado menoscabar o anular, el reconocimiento, goce o ejercicio de sus derechos o de las prerrogativas inherentes a sus cargo públicos; en palabras simples, no decimos que hay violencia política contra las mujeres, solamente porque son mujeres, sino porque concurren además otros elementos que basados en estereotipos de los roles históricamente asignados a las mujeres, vulneran el libre ejercicio de sus derechos político electorales.

Los ejemplos sobran, en 2015, durante la campaña política de la entonces candidata a la gubernatura de Sonora, aparecieron dos mantas en uno de los puentes de la capital, debajo de los promocionales de la candidata. En la primera, aparecía la silueta de una mujer embarazada y la leyenda: “Las mujeres, como las escopetas… cargadas y en el rincón”. La otra decía: “La panocha en las coyotas, ¡no en Palacio!”, aludiendo claramente a que el lugar de las mujeres no es el Palacio de Gobierno, sino el espacio doméstico; en tanto que su función es procrear, no gobernar.

Otro ejemplo se dio en Oaxaca, en el auyuntamiento de San Juan, Cotzocón, comunidad de Emiliano Zapata, en la que varios hombres intentaron linchar a la tesorera de esa agencia, bajo el argumento de que en ese lugar ‘mandaban’ los hombres. Un supuesto profesor ordenó encarcelar en una mazmorra a la funcionaria municipal pronunciando estas palabras: “Esta vieja no ha aprendido que en este pueblo mandamos los hombres”, “cómo nos van a gobernar esas pinches viejas”. [6]

Los efectos de esta violencia política, tienen impactos diferenciados en las mujeres, a las que con frecuencia se les envía a contender en distritos que se consideran perdidos; se les interrumpe o corrige en los foros públicos de opinión; se hace alusiones a su aspecto físico, antes que a sus cualidades o aptitudes para gobernar o reperesentar a la ciudadanía; y se les asesina por motivos de odio o venganza, en ocasiones vinculados al crimen organizado. Los focos rojos y cifras de violencia, deben ayudarnos a asumir medidas preventivas; no olvidemos que a pesar de que 22 entidades federativas ya conceptualizan y algunas tipifican la violencia política contra las mujeres, sigue siendo una deuda del gobierno federal realizar lo propio en materia penal y administrativa.

No pretendo convencer a quien me lee, de que las mujeres somos víctimas y necesitamos protección, simplemente trato de focalizar el problema diciendo que la violencia contra las mujeres debe indignarnos a todos los ciudadanos y movernos a actuar en consecuencia; si no podemos salir vestidos de blanco a marchar este 14 de junio, asegurémonos de acudir el 1º de julio a las urnas, y votar en memoria de aquellas mujeres, cuyo deseo de aspirar a un cargo de elección popular les costó la vida. Hasta que no entendemos la importancia y responsabilidad individual que tenemos desde el ámbito de nuestras respectivas actividades y profesiones, no habrá cuota, medida, o acción legislativa efectiva contra la violencia de género.

Escribo estas líneas con la esperanza de que algún día seamos capaces de comprender y defender este simple postulado: “SIN MUJERES NO HAY DEMOCRACIA”.

 

 

[1] Cfr. Elletek Consultores, “Cuarto Informe de Violencia Política en México 2018”, 10 de mayo de 2018, p. 2

[2] Cfr. Ibid., p. 6

[3] Cfr. Ibid., p. 23

[4] Cfr. Convocatoria: https://twitter.com/hashtag/AltoALaViolenciaPol%C3%ADtica?src=hash&lang=es [Consultada el 7 de junio de 2018].

[5] Cfr. ONU Mujeres, “Liderazgo y participación política”. Disponible en: http://www.unwomen.org/es/what-we-do/leadership-and-political-participation [Consultada el 7 de junio de 2018].

[6] Cfr. Protocolo para la atención de la violencia política contra las mujeres en razón de género. Tercera edición. Ciudad de México: Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación 2017, p. 45-46

 

No comments

LEAVE A COMMENT