El éxito de Andrés Manuel

Por Abraham Martínez

A menos de un mes de que se lleve a cabo una de las elecciones más importantes de la historia de nuestro país, López Obrador encabeza claramente las preferencias en las encuestas. El tema no es si la elección ya está definida, lo cual ciertamente no creo: la elección se definirá el 1º de Julio. Sin embargo, lo que sí es un hecho es que la ventaja que lleva en este punto de la campaña, no se había visto en las otras dos ocasiones en que ha contendido.

La pregunta es, más bien: ¿cómo es que un candidato tan polarizante ha logrado posicionarse nuevamente en el primer lugar con tanta fuerza? El éxito de López Obrador no radica en la coherencia y viabilidad de sus propuestas; radica más bien en que ha sabido convencer a un gran sector de la población de que, ante el desdén que ha sufrido por parte de todos los gobiernos que han pasado, él finalmente le ha dado voz.

Muchos de nosotros quizá nos rehusamos a creer que AMLO sea realmente el representante de los más desfavorecidos: viendo a algunos de los personajes de los que se ha rodeado, es difícil pensar que su única motivación sean los más desafortunados. Pero ese no es el punto. La realidad es que para una parte considerable de la población, no es suficiente motivo para descartarlo el que no pueda explicar cómo piensa conseguir mucho de lo que promete; y tampoco es suficiente la cuestionada trayectoria de algunos de sus copartidarios.

Habrá quienes afirmen que nuestro país, en términos generales, no va nada mal. Y si bien es cierto que México ha dado pasos importantes en muchos ámbitos incluyendo el económico, el social y el político, hay todavía un gran número de mexicanos que sigue viviendo en condiciones que difícilmente son mejores a las que tenían hace 30 años –una época en donde se gestaban cambios importantes en materia económica y política.

Podríamos decir que el desencanto de este sector proviene, principalmente, de la falta de oportunidades para poder participar de los beneficios de una economía en crecimiento y un país con mayores libertades políticas. Algunos dirán, por ejemplo, que el modelo económico que hemos adoptado –un modelo de libre mercado e integración en la economía global– es un modelo en sí mismo injusto, en donde necesariamente unos se benefician a costa de otros.

La realidad es que este modelo, en donde ha sido bien implementado, ha contribuido a mejorar la calidad de vida de muchas personas: tal es el caso de estados como Aguascalientes o Querétaro, en donde según Coneval, también los índices de pobreza continúan disminuyendo año con año[1]. Además, a su vez ha propiciado que se busque fortalecer el estado de derecho para permitir a cada vez más gente desenvolverse con certidumbre dentro de una economía formal.

Sin embargo, no todos perciben dichas mejoras, y a muchos de ellos, difícilmente se les puede culpar por no hacerlo.

Hace unos días, le preguntaba a un bolero del centro de la CDMX su parecer sobre las próximas elecciones, a lo cual me contestó sin dudar que votaría por Morena. Me dijo: “no joven, yo he visto pasar gobiernos del PRI, del PAN, de todos, y sólo veo que mientras unos pocos se aprovechan de su posición, a nosotros nos tienen olvidados…¡ya, queremos un cambio, qué más puede pasar!”. Le contesté a Don Eulalio que estaba de acuerdo, pero que ese cambio podría empeorar la situación, a lo que me respondió que gente cómo él no tenía mucho que perder.

Así como “el bolero”, hay millones de personas que trabajan de sol a sol, que tienen que trasladarse tres horas de donde viven a su lugar de trabajo, en transportes de mala calidad y a merced de los delincuentes; que cuyos salarios apenas les dan para vivir modestamente al día y encima de todo, el factor que más incrementa su frustración, es que son testigos de cómo una clase política se beneficia y sólo se acuerda de ellos cuando hay elecciones.

¿Qué se le puede decir a gente como Eulalio, cuando nosotros, quizá también nos hemos acostumbrado a no ver que hay una realidad muy diferente a la nuestra? Creo que poco. Por más que uno argumente justificadamente que podríamos estar peor, es cierto que muchas personas no pierden casi nada intentando algo nuevo.

Esto no significa, entonces, que haya que esperar a que Andrés Manuel verdaderamente logre implantar condiciones de legalidad y de justicia a través de su ejemplo. Vale la pena promover un voto razonado y hacer ver –especialmente a las personas que han tenido la oportunidad de desarrollarse adecuadamente– que lo que hemos construido ha llevado mucho tiempo y esfuerzo, que estamos mejor que antes y que los complejos problemas de nuestro país no se resolverán con soluciones simplistas o con buenas intenciones. Al mismo tiempo, no permanezcamos indiferentes ante el hecho de que todavía hay muchos mexicanos que viven en una situación muy distinta a la nuestra.

Al final de cuentas, a lo que todos nos tenemos que comprometer, sea cual sea el resultado de la elección, es a no fallar y no dejar que los políticos le vuelvan a fallar a aquellos que han sido por mucho tiempo olvidados. Tenemos una deuda con un sector grande de la población que si no empezamos a saldar, seguirá poniendo en riesgo los avances que al día de hoy se han logrado.

@abrahamtzh

[1] https://www.coneval.org.mx/SalaPrensa/Comunicadosprensa/Documents/Comunicado-09-Medicion-pobreza-2016.pdf

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