Pobre México, tan cerca de las elecciones y tan lejos de nuestras conciencias

Por Cecilia Palomo 

 

Vivimos en el país de los contrastes; el de la pobreza extrema y la riqueza elitista; el de la juventud innovadora y las instituciones arcaicas; el de la riqueza natural y el abandono al campo; el de la sobrerregulación jurídica y las violaciones de derechos; somos el país que se ríe de la muerte, pero llora ante la vida; y a pocas semanas de la elección presidencial, nos burlamos en las redes sociales, pero seguimos sin saber por quién votar, porque en el fondo ninguno de los candidatos nos representa totalmente. Ante este panorama poco alentador ¿qué podemos hacer?.

Tenemos dos alternativas, seguir alimentándonos de pan y circo, o dejar de reírnos si no queremos llorar los próximos 6 años. Comencemos por reconocer que no tenemos cultura del debate, y lo que hemos visto en la televisión estos últimos meses, no es más que el reflejo de lo que vemos con frecuencia en muchos foros públicos, donde en lugar de opinar respetuosamente, contrastar ideas y hacer críticas constructivas, atacamos cualidades personales de nuestros oponentes o contrarios, porque siempre ha sido más fácil descalificar que proponer.

Antier otra vez el circo ofreció una función en la que los 2 presentadores jugaron el papel de los villanos, y creyeron que siendo agresivos, demostrarían neutralidad y firmeza, cuando lo único que demostraron fue su capacidad de controlar el cronómetro para que la función terminara a tiempo. También tuvimos a 2 protagonistas, los que más rating han tenido en las últimas encuestas, uno que no responde preguntas porque entiende que todos están en su contra, y otro que cree reforzar sus respuestas señalando características negativas de su oponente; también tuvimos 2 co-protagonistas, uno que ofrece la certeza de estabilidad para que todo siga igual, y otro que está esperando que alguien se rompa una pierna para aparecer en la escena.

Y aunque el espectáculo termina, nuestras vidas continúan, y mañana tendremos que volver a levantarnos cuando suene el despertador, para seguir ganándonos la vida. Sin duda, es más fácil hacer memes para continuar burlándonos del debate, después de todo, nadie nos gana en ingenio y creatividad, que la máscara sonriente encubra el pánico detrás de cada broma. Sin embargo, por lo menos los que tenemos asegurada la comida de hoy, también podemos ponernos a estudiar, leer y opinar; podemos dar ejemplo de una cultura cotidiana del debate que exigimos de los candidatos, pero que no somos capaces de propiciar entre nuestros familiares, amigos o compañeros de trabajo.

Quitémonos las etiquetas y estemos abiertos a la escucha, dejemos de violentarnos unos a otros con las mismas palabras que usan los candidatos para referirse despectivamente a sus oponentes, si de verdad no nos sentimos representados, seamos el cambio que queremos ver; pidamos al INE que no permita ninguna referencia a otro candidato, ni para bien ni para mal en el próximo debate, después de todo nadie está libre de culpa, y de “trapitos al sol”, ya hemos escuchado bastante; solicitemos que se enfoquen solamente en ellos y sus propias propuestas, así ya no será necesario propiciar insultos seguidos de abrazos, donde se sonríe y al mismo tiempo se apuñala.

Hagamos un ejercicio de libre expresión con márgenes de respeto en nuestros círculos más cercanos, sin intentar hacer labor propagandística sino meramente informativa, fijemos las reglas de la discusión prohibiendo palabras altisonantes, toleremos opiniones diversas, aceptando que no todos somos ni pensamos igual, mientras no entendamos que la diversidad construye, seguiremos enredándonos en diálogos entre sordos; tratemos de arribar a conclusiones puntuales y concretas más allá de nuestras preferencias políticas; y si ya tenemos inclinación por algún candidato, analicemos las propuestas de su oponente más fuerte, eso nos ayudará a afianzar nuestra postura o en su defecto, nos permitirá cambiar de opinión.

Dejemos de pensar con miedo, el temor al futuro nos impide pensar en el ahora, y lo único que poseemos es un momento, un instante, una decisión; no podemos conformarnos con votar por “el menos peor”, sino que debemos intentar que nuestro voto aporte algo positivo a nuestro país, solo así estaremos asegurando la participación democrática. Después de todo, el 1º de julio estaremos solos en esa urna, y sin importar cuántas tortas, favores o concesiones hayamos recibido, la única que será testigo de nuestra ignorancia o auténtica ciudadanía, será nuestra conciencia.

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