Las cinco vías de la transparencia

Por Francisco García Pimentel 

@franciscogpr

PALABRAS CLAVE: Corrupción, transparencia, soluciones, ciudadanos, medios

A pesar de la deplorable situación que México vive en materia de corrupción, existen caminos comprobados y seguros para empezar a transformar la cultura de nuestro país. La corrupción, aunque es un fenómeno universal, ha sido atajada de forma importante en muchos países. ¿Cuáles son los mecanismos que permiten a un país corrupto transformarse en un país honesto? Aquí se proponen cinco, que exigen un trabajo intergeneracional y atañen a todos los actores sociales: Educación honesta, empresa transparente, métricas y visorías en gobierno, ciudadanos activos y lenguaje en medios de comunicación.

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La corrupción cuesta a México, según el banco mundial, más de un billón y medio de pesos al año. Esto representa casi el 10% del PIB del país. Puesto de otra forma: de cada 10 pesos que se gastan en México uno de ellos va a parar a la corrupción. Además de lo que se gasta, se pierden el 10% de las inversiones en el país, así como entre el 5 y el 10% de los ingresos de las empresas y negocios (Revista Expansión, sep 2015). Posicionados, además, como el país con mayor percepción de corrupción entre los miembros de la OCDE (Índice de Corrupción 2014), el costo económico, cultural, social y educativo es prácticamente incuantificable. ¿Hasta cuándo?

A pesar de que desde el 2004 México ha triplicado el gasto en organismos anti-corrupción y de transparencia y llevado adelante reformas en este tema, la puntuación en el ranking de percepción de corrupción de Transparencia Internacional se ha mantenido intocada. El nuevo sistema nacional anticorrupción, aunque promete, será inefectivo si no se engrana en nuestra sociedad.

Por si fuera poco, el mero cumplimiento legalista de las normas de transparencia no es en sí suficiente ni se correlaciona necesariamente con un descenso en los índices reales de corrupción. Las leyes sólo sirven si detrás de ellas se transforma la cultura.

Se estima que menos de 0.3% de los delitos de corrupción se denuncian. De estos, sólo el 1.3% resultan en consignaciones. O sea que el 0.003% de los actos de corrupción se castigan en México. Uno por cada 300 mil (Revista expansión, sep 2015).

A su vez, la ciudadanía decente, si no encuentra otra forma de defensa, pronto se vuelve parte de la maquinaria. Dar mordida al policía o pagar moche al burócrata se convierten en actos normales, necesarios y socialmente aceptados. El veneno ha obrado su tarea.

La corrupción, claro está, existe en todo el mundo, en empresas y gobiernos. Hay corruptos también en Suiza o Alemania. Pero la diferencia en los índices reales y percibidos es absolutamente escandalosa. Mientras que en un país como México la corrupción es la norma; en un país transparente la corrupción es la excepción.

Es verdad que la primera reacción, que parece obvia (y es, además, necesaria) es garantizar castigo a aquellos que sean sorprendidos.  La respuesta tiene que ser multisectorial y transgeneracional (Roma no se construyó en un día), y se basa en un sencillo principio: no basta castigar, hay que hacer atractiva la transparencia.

1. EMPRESAS: ÉXITO Y PRESTIGIO RELACIONADOS CON LA TRANSPARENCIA.

La corrupción requiere dos manos: una que dé y otra que reciba. Hay que adoptar formal y culturalmente un nuevo rostro en el sector empresarial. Si bien es cierto que la relación gobierno -empresa es un espacio natural para la corrupción, también dentro de las empresas –y entre ellas- existen estructuras que la favorecen desarrollan.

Empezando ya, la empresa o el empresario corruptos deben de encontrar puertas cerradas entre sus pares, instituciones financieras y gobierno, mientras que los transparentes deben de ser reconocidos públicamente y acceder a mejores entornos de inversión. Diversos colegios empresariales han empezado a impulsar esfuerzos en este sentido.

2. ESCUELAS: LA HONESTIDAD ES TAN IMPORTANTE COMO EL RESULTADO.

El actual sistema de calificación de alumnos y de escuelas a nivel nacional empuja a los maestros y directivos a alterar de forma artificial pruebas y procesos para aparentar mejores resultados. En el aula los niños compiten por una calificación numérica que ha de conseguirse a como dé lugar, mientras que la escala de valores ocupa un espacio simbólico y secundario. ¿Podemos –en el aula o la casa- hacer de la solidaridad, la honestidad, el equipo y la amistad números tan importantes como las matemáticas, la química o el fútbol? Entonces en diez o veinte años tendremos una población con otro cuadrante moral.

3.CIUDADANOS: SISTEMA SOCIAL ANTI-CORRUPCIÓN.

Ante la falta de respuesta de las autoridades formales, no existe incentivo alguno para denunciar. Debemos formar redes locales de reconocimiento y denuncia de actos de corrupción que sean públicas y visibles. Si existe el buró de crédito y las referencias comerciales ¿no podemos entre nosotros mismos acostumbrarnos a denunciar a los maestros, directores, inspectores o policías corruptos? El anonimato es su mejor arma; arrebatémosla. Los organismos ciudadanos formales juegan un papel esencial en este tema.

Como en otros casos, el reconocimiento de ciudadanos y servidores públicos honestos debe convertirse en prioridad para nosotros. Así como podemos denunciar al policía o funcionario que nos piden mordida, también podemos felicitar o reconocer a aquellos que no lo hacen. Las métricas y estadísticas hacia adentro de estructuras de gobierno o empresa pueden ser de inmensa ayuda.

4. GOBIERNO: MÉTRICAS Y VISORES INTERNACIONALES.

A pesar de las recientes reformas el problema sigue siendo el mismo: los empleados investigan a los jefes (léase: caso Casa Blanca) o los cuates investigan a los cuates. La creación de nuevos institutos redunda y no es operante cuando de los organismos políticos surgen sus propios policías. Además de los avances en representación ciudadana que han sido positivos, es necesaria la inclusión de actores externos y libres de conflicto de interés, que podrían tener la forma de visorías internacionales o firmas globales de auditoría. Esto tendría, además, un impacto inmediato en los índices de credibilidad y confianza.

En tema de métricas, el único feedback que reciben las dependencias es el número de denuncias. Pero hay muchas otras formas de abordar este tema. Uno puede ser la implementación de encuestas de usuarios para todos los trámites. Si un sitio de taxis o una tienda de hamburguesas pueden hacerlo ¿por qué otros espacios no? La clave sigue siendo la misma: no tratar el tema exclusivamente de forma punitiva, sino hacer la corrupción visible… y la transparencia atractiva y normal.

5. MEDIOS Y CIUDADANOS: POSEER EL LENGUAJE.

De México los peores promotores somos los mexicanos. Es imperativo destruir la narrativa constante de que México es un país corrupto, violento y fallido. La realidad es que México es un país que está sólo a un quiero de ser primer mundo. La constante lluvia de decepción en cine, televisión y medios en general hacen sentir al ciudadano promedio que no hay de otra. Pero sí hay de otra. Los medios y los mexicanos debemos de conocer, celebrar y hablar de lo bueno de forma constante y permanente. Es, quizás, un tema de autoestima, pero es esencial: para ser hay que, primero, creer.

Estas son cinco ideas; pero seguro hay muchas más. Vamos armando esta red. Vamos platicando y sumando gente. Vamos olvidando que todo depende del gobierno y transformando a México una denuncia a la vez, una transacción a la vez, un aplauso a la vez. Quién diga que no se puede es porque, sencillamente, no quiere.

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